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COCO CHANEL
“ICONO DE LA MODA"
Su apartamento en la “rue” Cambon es reflejo de su vida,
sus viajes y sus pasiones…
El apartamento esta en el tercer piso, por lo que es necesario subir
por una espléndida escalinata con espejos, sin saber con
que nos vamos a enfrentar. ¿Un museo? ¡Todo lo contrario!
Cuando entras en el apartamento de Coco Chanel, te da la impresión
de que Mademoiselle acaba de salir, hace cinco minutos estaba sentada
en sus escalinatas, supervisando los últimos detalles de
algunos desfiles, sus espejuelos todavía reposan donde los
dejó sobre el escritorio por última vez, al lado yace
un libro abierto, que espera a sus dueña para que se siente
en el Diván a retomar la lectura, mientras fuma un cigarrillo
y tomó, su té de bermellón. El servicio está
listo en una de las mesas, y como todo el mundo sabe en la Rue Cambon,
a Mademoiselle no le gusta esperar…
Adquirió sus biombos de Coromandel en un anticuario en el
campo, y fue sumando hasta tener una colección de 32, como
la nómada que siempre fue, se los llevo de Faubourg Saint
Honoré a Roquebrune, al Hotel Ritz – Carlton y llego
a la Rue Cambon, donde finalmente los coloco, en la pared de la
entrada.
Coco Chanel, fue una autoridad en la moda, elegancia y seducción,
no tuvo teorías sobre la decoración, sin embargo,
el espíritu barroco de Chanel vive aquí respira a
través de sus esmaltes, la majestuosidad de los espejos y
sus deslumbrantes Chandeliers en armonía con colores sutiles
y materiales organicos, fue la mujer que hizo celebre la frase “La
moda soy yo”.
La entrada; a primera vista 11 biombos chinos, esmaltados en Ocre
y dorado; y los espejos multiplican la decoración infinitamente,
a su alrededor pagodas, quimeras, jinetes y flores, especialmente
camelias, pájaros sobre todo el ave fénix.
Coco Chanel nació el 19 de Agosto bajo el signo de Leo y
fue inagotable obstinada y feroz, ningún diseño pasó
frente a sus ojos, sin el escrutinio implacable de cada costura;
sentada en un pequeño sillón de piel, maltratado por
la vida, realizaba su minuciosa inspección, mientras ponía
a temblar a la headmistress.
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Salvo
sus noches, las cuales pasaba en el Ritz, Coco vivió en su
salón. Por eso lo colmo con todo lo que amaba, biombos, libros,
objetos mágicos y el enorme diván de gamuza de ciervo
que era su cama y su trono; los demás podrían usar
las butacas de madera del siglo XVIII que ella cubrió de
gamuza beige, Dalí, Picasso, Cocteau, Bérard, Stravinski,
Louise de Vilmorin, los parisinos más celebres pasaron por
este salón, también Marlene Dietrih, Greta Garbo,
Jeanne Moreau y todas las estrellas que vistió.
No sabemos si creyó en dios, Coco si creía en los
signos, en las estrellas y en los talismanes, en la mesas donde
diseñaba sus joyas, llenando moldes de barro con las hermosas
piedras que le regalo el Duque de Westminster, están las
bolas de cristal que reflejan las llamas de las girándulas,
y los leones dorados, los camellos, terracotas, que nos recalcan
su preferencia por la vida nómada, los caballos de alfarería
china, los ciervos esmaltados y las ramas de cristal, todos sus
animales yacen colocados en parejas.
Sus números favoritos siempre fueron los impares, el 5 la
convirtió en una de las mujeres más ricas del mundo
y el 19 su fecha de nacimiento fue el nombre que escogió
para el último perfume que lanzó en 1970. En cuanto
a la religión, Coco Chanel siempre fue ecuménica:
su Buda es regalo de Boy Capel, yace al lado de un icono de bronce
que le regalo Stravinski como agradecimiento por haberle ayudado
a recrear Sacre du Printemps, y el cuadro más fabuloso del
salón, una pintura japonesa de seda, hecha en el siglo XVI
que muestra unas deidades en quimonos, reposa al lado de una procesión
de Crucifijos, incluyendo la de peregrinos mexicanos a Caravaca.
Le encantaba el dorado por eso pinto todos sus lienzos écrue
en sus habitaciones.
El comedor: En el comedor impera una enorme mesa estilo Louis XIII
en nuez parqué con Caracolas doradas, ceniceros, leones alados
y el servicio de mesa con la “C” entrelazadas de Chanel,
el busto de mármol sobre la chimenea es de un eclesiasta
ingles “un tío de boy Capel” como decía
Coco cuando ya le faltaba la memoria, y a cada lado dos consolas
barrocas que compro en Venecia. Coco reemplazo el tope original
de mármol por una superficie esmaltada más brillosa,
sus bases son dos estatuas doradas que representan el verano y el
otoño, cada estatua muestra la opulencia de las cosechas
y los racimos de uvas, los sillones Louis XVI tapizados en gamuza,
ya que Coco solamente invitaba a sus amigos más íntimos
a cenar; no era una ocasión ceremoniosa, un servicio muy
fino, tazas para té de bermellón, menús sencillos
solamente frutas y vegetales de la temporada y nada de aromas; Mademoiselle
seguía una dieta sumamente estricta, nada pesado, sin grasa,
sin azúcar, todo era cuestión de estética.
La oficina: Se puede ver el biombo con matices otoñales el
más valioso de todos un sofá del siglo XVIII, la lámpara
Chandelier de Cristal que Paúl Iribe, con quien compartió
su vida durante mucho tiempo, esculpió en 1932, en el año
en el que Chanel presento su fabulosa y lujosa colección
de joyas y el año en que Europa cayó en una depresión.
Una virgen de piedra color burgundy del siglo XVI, evoca sus años
dolorosos en el orfanato Aubazin, (existe una estatua parecida en
la iglesia de la Aldea).
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