Economía Gran potencia

Los intereses económicos siempre han desempeñado un papel importante en las relaciones entre Europa y América Latina. Pero no fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial y de los avances en la integración europea que se inicio el diálogo político económico entre ambos continentes. En 1984 se celebró la primera Conferencia de San José a nivel de Ministros, a la que siguieron otras. Desde 1999, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE se reúnen periódicamente con sus homólogos de América Latina y el Caribe. En la primera cumbre UE – ALC en Río de Janeiro se acoró iniciar las negociaciones para un acuerdo de asociación entre la UE y MERCOSUR, así como el diálogo con vistas a un tratado de libre comercio. Estas negociaciones continúan hasta hoy y son acompañadas por las empresas privadas a través del MERCOSUR European Business Forum.

Las perspectivas económicas de América Latina son positivas. El crecimiento del producto interno bruto latinoamericano se ha situado últimamente en alrededor de un 4 por ciento. La razón principal de ese crecimiento económico es la gran demanda de Asia, sobre todo de China, de alimentos y materias primas. El acceso a los mercados financieros de muchos países latinoamericanos ha mejorado notablemente. La emisión de bonos, tanto nacionales como extranjeros, es señal de ese tendencia positiva. Los mismo cabe decir de las inversiones extranjeras en las bolsas latinoamericanas. Además, los ingresos de los Gobiernos Latinoamericanos crecen más que los gastos públicos. Ellos es reflejo del auge de las exportaciones, la fuente reanimación coyuntural y una responsable política fiscal.





La UE, con un producto bruto interno de 10,82 billones de euros, es la primera potencia económica mundial, superando, si bien por poco, a los Estados Unidos. América Latina ocupa el quinto lugar, después de Alemania y antes de China. Sobre todo el Mercosur contribuye decisivamente con una potencia económica de 880.000 millones de euros al bienestar y al desarrollo de América Latina. Si se observa el desarrollo del comercio entre la UE y Mercosur, queda claro por qué un tratado de libre comercio sería de gran importancia económica para ambas regiones. El volumen del comercio entre la UE y el Mercosur creció un 170 por ciento en los pasados 15 años: en 1999 se intercambiaron bienes por 19.000 millones de euros, mientras que en 2005 fueron 51.000 millones de euros. En ese periodo, las exportaciones europeas al Mercosur se ha cuadriplicado, mientras que las importaciones desde el Mercosur han crecido un 123 por ciento. También las inversiones directas europeas se dispararon en los años 90 alcanzando los 30.000 millones de euros en 1999. Incluso después de la crisis financiera en Argentina, la mayor parte de las inversiones extranjeras en el Mercosur proviene de Europa. La UE es el primer socio comercial del Mercosur, por delante de Estados Unidos.

Para ampliar aún más las relaciones económicas, es imprescindible el apoyo político. La firma del tratado comercial entre la UE y el Mercosur es  esencial para mejorar el clima de negocios entre la UE y sus mayores socios comerciales latinoamericanos. Como quedó demostrado durante el Cumbre UE – LAC de mayo de 2006 en Viena, existe el riesgo de que la cooperación entre la Unión Europea y América Latina se concentre cada vez más en la cooperación para el desarrollo. Temas económicos apenas se debatieron en la Cumbre de Viena. Esta tendencia es peligrosa: América Latina debe consolidarse como región competitiva y crecer económicamente. La cooperación con la UE debería ser primordialmente económica y no de cooperación para el desarrollo. El acuerdo comercial UE – Mercosur ofrece la herramienta adecuada para ello.